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martes, 3 de mayo de 2011

Crean mapa 3-D de Universo joven

Científicos lograron captar la luz emitida por 14 mil quaseres, galaxias y agujeros negros de hace 11 mil millones de años
EINSTEIN MARCA LA PAUTA. El proyecto busca averiguar cómo se ha expandido el Universo a lo largo del tiempo para aclarar así la existencia de la energía oscura (Foto: Tomadas de El Pais y Sdss3.org )
Martes 03 de mayo de 2011 Redacción | El Universal00:51



Un equipo de científicos internacionales logró trazar el mapa en 3-D más completo hasta el momento del Universo joven gracias al proyecto Sloan Sky Digital Survey que captó la luz emitida por 14 mil quaseres, galaxias y agujeros negros situados a miles de millones de años luz.
El proyecto busca averiguar cómo se ha expandido el Universo a lo largo del tiempo para aclarar así la existencia de la energía oscura. Este primer mapa logró acercarse al cosmos de hace 11 mil millones de años, pero las observaciones continuarán hasta 2014 para crear una cartografía celeste más detallada, informó en su portal el diario El País.
"Los quasares son los objetos más brillantes del universo y nosotros los utilizamos como focos de fondo muy apropiados para iluminar el hidrógeno gaseoso que llena el cosmos entre ellos y nosotros", explicó Anze Slosar en una reunión de la Sociedad Americana de Física donde se presentaron estos resultados el pasado fin de semana.
"Podemos ver las sombras [de  los quasares] y detalles en ellas, lo que nos permite ver cómo ese gas está agrupado a lo largo de nuestra línea de visión. Lo sorprendente es que con esto podemos ver el Universo muy lejano donde es difícil medir las posiciones de muchas galaxias individuales. Es algo así como observar la Luna entre nubes de manera que puedes ver las formas de éstas últimas precisamente por la luz lunar que bloquean", explicó Slosar.
Los científicos utilizaron las llamadas oscilaciones acústicas bariónicas (BAO, por sus siglas en inglés) como instrumento de precisión para medir la energía oscura, pero en lugar de basarse sólo en la distribución de las galaxias visibles, utilizan también al hidrógeno que forma los quaseres.
Este primer mapa ayudó a demostrar que es posible determinar las variaciones en la densidad del hidrógeno intergaláctico a distancias cosmológicas y, por tanto, medir los efectos de la energía oscura en dichas distancias.
La energía oscura es un término que se utiliza para intentar explicar un fenómeno por el cual la expansión del cosmos se está acelerando, como si estuviera actuando en el Universo una fuerza repulsiva, una especie de atracción gravitatoria de signo opuesto.
Los científicos aún no saben explicar el por qué, pero este fenómeno se ha convertido en la pregunta paradigmática en cosmología y varios equipos internacionales compiten para diseñar y poner en práctica estrategias de observación que permita descifrarlo.
Los resultados de las observaciones forman parte del proyecto BOSS (Rastreo de Oscilaciones Acústicas Bariónicas) se publicaron en un artículo de la página de la Universidad de Cornell.

Ilustración de cómo se captan las oscilaciones acústicas bariónicas

Hallan proteína para generar biocombustibles

La producción de combustibles de origen biológico, como el bioetanol, podría verse beneficiada con el reciente hallazgo de proteínas que combaten la "dureza" de algunos desechos orgánicos durante su proceso de degradación
AGAVE Las proteínas fueron probadas en algodón y en desechos de la producción de tequila (Foto: Archivo )
Martes 03 de mayo de 2011 Redacción | El Universal00:51



Investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudian las proteínas llamadas looseninas, que podrían resolver uno de los problemas que enfrenta la industria de los biocombustibles: la ausencia de una tecnología de bajo costo que permita atacar el duro "empaque natural" de algunos compuestos químicos presentes en la materia vegetal.
La loosenina, obtenida del hongo de las plantas Bjerkandera adusta, tiene la capacidad de desorganizar la estructura de un compuesto químico llamado celulosa, el cual es muy "duro de roer", pero en cuya desintegración está la clave para aspirar a producir biocombustibles a gran escala, a partir de vegetales no producidos para la alimentación.
En su artículo Loosenin, a novel protein with cellulose-disrupting activity from Bjerkandera adusta, publicado en la revista Microbial Cell Factories, los científicos apuntan que la loosenina "afloja" la celulosa y la hace más accesible a otras enzimas, llamadas celulasas, que la convierten en glucosa (un azúcar del que se puede obtener etanol tras su fermentación).
Jorge Folch Mallol, investigador titular del Centro de Investigación en Biotecnología (CEIB) de la UAEM y coautor de la investigación, junto con la Dra. Rosa Quiroz-Castañeda, explica que al estudiar una amplia colección de genes extraídos de la cepa del hongo antes mencionado, y enfocándose en una selección de 400 de ellos, se pudieron encontrar coincidencias con ciertas proteínas que las plantas producen para romper algunos componentes de las paredes celulares.
Ya se sabía de algunos hongos con la capacidad de degradar parcialmente la celulosa, pero no existían reportes de la presencia de estas proteínas en los hongos B. Adusta, que crecen en bosques templados.
Una vez obtenida la proteína a partir del hongo, el equipo de investigadores del Laboratorio de Biología Molecular de Hongos de la UAEM y del Instituto de Biotecnología de la UNAM la aplicó a fibras de algodón y al bagazo de agave (un desecho de la industria tequilera).
"El algodón fue adquirido en una farmacia y es prácticamente pura celulosa [lo que permitió que la loosenina obtenida del hongo pudiera convertir la celulosa en glucosa], pero el bagazo de agave fue todavía más difícil de degradar porque tiene otro componente llamado lignina, que es el que hace que la madera sea dura", explica Folch Mallol. Sin embargo, la loosenina fue capaz de desorganizar estas estructuras.
Cuando las looseninas se adhieren específicamente a la estructura cristalina de la celulosa y a la quitina (un compuesto químico muy parecido a la celulosa, que hace que los insectos tengan esqueletos externos duros), degradan las estructuras y las dejan más vulnerables a la acción de otras enzimas, que simplifican aún más a la celulosa y a la quitina.
De acuerdo con Folch, en México los desechos agrícolas representan una fuente potencial para producir biocombustibles, pero en muchos casos, estos desechos son confinados en contenedores de basura.
"Vamos a probar otros desechos, como la paja de trigo, las cascaras de limón, el bagazo de caña de azúcar y los aserrines de diferentes maderas. Todos tienen potencial para obtener alcohol que pudiera usarse como combustible en lugar de la gasolina", añade.
A la fecha, el equipo interinstitucional analiza las celulasas (enzimas) de otros hongos que parecen soportar altas temperaturas y han mostrado potencial para descomponer la celulosa, como ha sido el caso de la cepa del hongo Pycnoporus sanguineus, distribuida en zonas tropicales.
Con información de la Dirección de Divulgación de la Ciencia UNAM.

lunes, 2 de mayo de 2011

Propósito

Propósito

Bondad

Bondad

Teorema

Teorema

Los desafíos de la química moderna

En el Año Internacional dedicado a esta disciplina científica, expertos evalúan logros y tareas pendientes
(Foto: EL UNIVERSAL )
Lunes 02 de mayo de 2011 Guillermo Cárdenas Guzmán | El Universalguicardenas@hotmail.com



Cuando Verónica Díaz alista su basura doméstica para que la recoja el camión recolector sabe, por las noticias que ha escuchado en la radio, que emplear bolsas de plástico no es la mejor alternativa para preservar el ambiente; sin embargo, la joven ama de casa no encuentra otra solución para dar un uso práctico a esos productos de polietileno que aún le regalan en los comercios adonde acude a surtir su despensa.
El caso ilustra los retos que enfrenta la química moderna con las más de cien mil sustancias identificadas dentro del comercio, de un universo de 12 millones que existen en el planeta, según datos del Instituto Nacional de Ecología. Tales desafíos comprenden la producción de bienes con menores montos de energía en los procesos, con escaso o nulo impacto sobre el entorno y que no generen riesgos para la salud de la población.
“En el mundo científico, la intención es buscar diferentes alternativas tecnológicas que permitan revertir lo más posible el efecto del cambio climático. (Para ello) hay varias vertientes, la más conocida por la sociedad es la producción de energía, que se expresa con la búsqueda de nuevas fuentes”, comentó Ciro Ortiz Estrada, titular del Departamento de Ingeniería y Ciencias Químicas de la Universidad Iberoamericana.
La Agencia Internacional de Energía (IEA en inglés) ha calculado que las emisiones de dióxido de carbono en México, derivadas principalmente de la quema de combustibles fósiles, ascienden a 400 millones de toneladas cada año. Problemas como éste, que han contribuido al cambio climático, podrían atenuarse o resolverse si se aprovecharan otras fuentes de energía como el hidrógeno, el compuesto más abundante, que integra el 75% de la masa del universo.
Pero más allá del campo de la producción de energía, donde ha sido fundamental, la química ha ayudado a producir materiales que inciden en la salud y casi todas las ramas de la industria: fertilizantes, biocombustibles, alimentos funcionales (que contienen nutrientes esenciales añadidos con la idea de prevenir enfermedades), materiales más resistentes, ligeros y durables como la fibra de carbono, sistemas de iluminación y tratamiento de agua o residuos, entre muchos otros.
Eusebio Juaristi y Cosío, director del Departamento de Química del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), coincidió con esta idea al recordar que, durante el siglo XX la disciplina fue la base para el desarrollo de fármacos que incrementaron la expectativa de vida en las poblaciones en México y otros países: “Ahora esperamos vivir hasta 70 o 75 años, mientras hace medio siglo el promedio era de apenas 50 años”.
Otro reto en la búsqueda de un menor impacto ambiental y empleado por la química “verde” a nivel industrial o de laboratorio, añadió Ortiz, es sustituir materias primas para obtener los productos deseados con menor cantidad de residuos, así como el análisis de los ciclos de vida, para conocer sus tiempos de degradación.
A cien años de que se otorgó el Nobel de Química a Marie Curie, lo que dio paso a que la UNESCO dedicara el 2011 a la disciplina, ésta tiene mucho qué decir y mucho qué analizar, según Ortiz. “Si la meta es minimizar los residuos que se generan, más si son tóxicos, pues hay un indicador favorable a esa ruta tecnológica”.
“Si la idea es sustituir un producto que es dañino en términos del tiempo que tarda en biodegradarse, pues ése es el mejor camino.
“En sus líneas prioritarias de estudio, al menos el mundo académico busca dar respuesta a este tipo de problemas. No hay institución, en México y el mundo cuyas investigaciones no giren alrededor del medio ambiente, el bienestar y la salud humana, aquello a lo que llamamos sostenibilidad”, insistió el profesor e investigador de la Universidad Iberoamericana.
“Hemos avanzado mucho, pero aún nos falta mucho por recorrer”, consideró por su parte Eusebio Juaristi

'Entrenan' células para atacar el cáncer

Científicos han probado una nueva técnica para enseñar a los glóbulos blancos a actuar en contra de las células cancerígenas
Los linfocitos que segregan proteínas son los encargados de combatir infecciones y también el cáncer (Foto: Archivo EL UNIVERSAL )
Lunes 02 de mayo de 2011 EFE | El Universal00:58


Un equipo de científicos de Estados Unidos desarrolló una nueva técnica para prolongar el efecto de los glóbulos blancos (linfocitos T) que inyectan a los pacientes de cáncer para proporcionarles defensas contra los tumores.
Los linfocitos T son los responsables de coordinar la respuesta inmune, constituyen el 70% del total de los linfocitos que segregan proteínas y se encargan de destruir proteínas ajenas al organismo. Por tanto, combaten infecciones y también el cáncer.
Su efecto dura poco tiempo. Por eso el doctor Marcus Butler y sus colegas del Dana-Farber Cancer Institute han desarrollado una técnica, una forma de "inmunoterapia adoptiva", que puede permitir a las células T sobrevivir en el riego sanguíneo de los pacientes con melanoma durante más de un año en algunos casos.
Los resultados de esta investigación, que todavía está en fase 1, se publicaron en el número de esta semana de Science Translational Medicine.
La técnica fue probada en un grupo de nueve pacientes con melanoma avanzado y diez semanas después de comenzar la terapia siete tenían más linfocitos de los que habían comenzado.
Pasado este periodo, tres de los pacientes tenían enfermedad estable, ni avanzó ni retrocedió; en otro caso se extendió a los pulmones y otro paciente experimentó una remisión completa.
Los médicos señalan que más de dos años después de recibir la terapia una sola vez, no tiene evidencia de cáncer.
"El estudio demuestra que es posible mantener altos niveles de células antitumorales T en los pacientes durante un largo período de tiempo, evitando las complicaciones de las técnicas convencionales", que suelen tener fuertes efectos secundarios, señala Butler.
"Nuestra técnica abre el camino a tratamientos menos tóxicos (que la quimioterapia) y ataques inmunológicos de mayor duración contra las células del cáncer", agregó.
Según la Sociedad estadounidense del Cáncer, el pasado año se diagnosticaron más de 68 mil melanomas en este país, unas cifras que han ido en aumento desde hace más de 30 años.
Los médicos indican que si los melanomas se detectan y eliminan en una fase temprana se pueden curar, por eso recomiendan hacer revisiones y evitar la sobreexposición al sol.
La "inmunoterapia adoptiva" implica la recolección de células T de un paciente y exponerlas a las proteínas de "antígenos" que sólo se encuentran en las células tumorales.
Las células T aprenden a reconocer los antígenos y atacar las células tumorales que las transportan.
Los científicos tratan esas células T "educadas" con un estimulador de crecimiento para aumentar su número y luego las inyectan de nuevo en el paciente, donde se despliegan como un ejército para destruir a las células tumorales.
En condiciones normales, las células T reinyectadas mueren en cuestión de días, pero con esta técnica los médicos pueden aumentar su capacidad de resistencia.
Los investigadores advierten que esta terapia puede causar una serie de problemas como náuseas, fiebre, debilidad muscular, disminución de ciertos tipos de células blancas de la sangre, así como otros más graves, por lo que continuarán investigando.
"Nuestro siguiente paso será estudiar esta técnica junto con otras terapias que pueden aumentar el número y la eficacia de estas células T", asegura Naoto Hirano, médico del centro Dana-Farber y miembro del equipo investigador.